Pesadilla en Concha Espina

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El chef Alberto Chicote lleva varias temporadas enfrentándose a situaciones harto complicadas en varios restaurantes, con su exitoso programa “Pesadilla en la Cocina”. En esta ocasión no tendría que alejarse mucho de su Madrid natal para encontrarse con un local con bastantes apuros. Le bastaría con dirigir sus pasos hacia la Avenida de Concha Espina y detenerse ante el Santiago Bernabéu. Un lujoso lugar donde, Florentino, su propietario lleva varios años dilapidando millones y a cambio no recibe las ansiadas estrellas Michelín.

En el programa es bastante habitual encontrarse ante personas que jamás se han adentrado en el mundo de la hostelería, pero que fiandose de su pericia en otros negocios se meten de lleno en la restauración. Este parece ser el caso que hoy nos ocupa. Durante una larga década en los fogones blancos, Florentino Pérez ha ido imponiendo su criterio; o criterios, en plural, para ser más exactos. Ha tenido al mando a un chef especialista en bacalao portugués, a otro en spaghettis a la carbonara, ahora fía su plato estrella al cocido madrileño… Con tantos vaivenes no es de extrañar que la carta se resienta.

Uno de los momentos estelares del programa es cuando Chicote se adentra en la cocina y hace una inspección de como están en temas de limpieza. Resultan especialmente curiosos aquellos lugares en los que se han apresurado a limpiar rápidamente los fogones, a fin de evitar la reprimenda de Alberto. Éste suele tardar poco en descubrir la treta, ya que le basta con raspar mínimante en la campana extractora para descubrir la mugre que ha ido acumulando durante varios años. Esto es precisamente lo que ha ocurrido en el Bernabéu estos últimos días con el asunto de Casillas, un intento apresurado de lavar la imagen del club que difícilmente oculta todos los trapos sucios que nunca hubo intención de limpiar.

Tampoco son nuevos los problemas entre Florentino y sus diferentes jefes de sala. Históricamente ha tenido importantes encontronazos con ellos que han derivado en su salida por la puerta de atrás. Ya ocurrió esto con Fernando Hierro y Raúl González, ahora ocurre con Iker Casillas y todo apunta a que pasará tres cuartas de lo mismo (incluso hasta prematuramente) con el siguiente en el cargo, Sergio Ramos.

La sección de fútbol del Real Madrid ha sido para Florentino su restaurante de lujo, y merced a sus caprichos en la mayor parte de las ocasiones, se ha convertido en un gigante a la deriva que poco a poco va perdiendo la esencia de sus platos clásicos, esos que le granjearon la admiración del público durante muchos años. Paradójicamente la sección de Baloncesto, que era para él un ridículo bar de tapas al que no merecía la pena dedicar demasiados recursos, ha resultado ser la única en proporcionarle grandes éxitos.

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Como diría Chicote, montar un restaurante es una tarea muy complicada y no se debería dejar en manos de alguien que no tiene ni idea de como manejarlo y que no respeta la profesión. En el caso del Real Madrid, parece que su presidente lleva varios años intentando conseguir unos huevos fritos perfectos; pero que en la mayoría de las ocasiones los huevos acaban revueltos con un poco de suerte, o directamente estrellados.




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