James Cameron: ¿pacto con el diablo?

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Hace siglos que se habla del cruce de caminos, de ese lugar en la noche oscura en la que, al amparo de la oscuridad, el diablo aparece para concederte los mayores dones, a cambio del servicio eterno de tu alma, claro. No es que la historia de Hollywood no se preste a sospechas sobre quién pudo pactar con el diablo debido a un éxito inexplicable y repentino, pero hay casos muy concretos que sobrepasan lo efímero y anecdótico.

Si lo de James Cameron es un tenebroso trato, una cuestión de suerte infinita o acierto absoluto está por ver. El caso es que este aspirante a físico enamorado de las películas de ciencia ficción de los años 50 y que tuvo una revelación con Stanley Kubrick, empezó a practicar efectos especiales rudimentarios con películas de 16 mm. Lo que parecía una exagerada fantasía imposible de realizar recibió un fuerte empujón cuando otro futurista, George Lucas, logró sacar adelante esa odisea, en todos los ámbitos, que fue Star Wars. Sus estudios universitarios en física y literatura inglesa marcarían el devenir del joven, pues antes que director, se hizo guionista. Consiguió dejar atrás sus trabajos de mecánico o camionero para escribir la secuela de Rambo y participar en la segunda parte de Piraña, ambos un fracaso por las que fue despedido.

Una noche, encontrándose en un hotel de Roma, y tras una tarde de nauseas y horribles dolores de cabeza, cayó dormido y tuvo un sueño profético. Como los viejos violinistas del barroco, que recibían al diablo en oníricos trances en los que escuchaban melodías imposibles o les dotaban de una técnica asombrosa, James vio aparecer de una bola de fuego un engendro mecánico con forma de hombre. Rápidamente lo dibujó y una singular historia se desarrolló en su cabeza. Acababa de nacer Terminator.

Aquella historia sobre un mundo tomado por las maquinas recibiría el aplauso de la crítica y el público, a pesar de las claras deficiencias tecnológicas comparado con otros éxitos futuristas de la época. Además, sería el nuevo pistoletazo para futuras historias apocalípticas en las que la entrega de una conciencia a un ser inerte significaba a la larga el final de la humanidad.

La terquedad de Cameron ya asoma, pues había conseguido retrasar la filmación de un éxito sin precedente de Ridley Scott, Alien, un tipo de película que le venía al pelo. Tras el éxito de la película, le recordaron que habían firmado previamente el rodaje de la secuela y así la hizo. Sus éxitos y sus fracasos quedaban emparejados.

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El primer Terminator, descubriéndose

EL JUGADOR ARRIESGADO

Dicen que solo los que apuestan duro ganan, y James Cameron podría ser un buen ejemplo. Los recelos de las grandes compañías de Hollywood parecen desaparecer cuando Cameron surge con un nuevo guión bajo el brazo. The Abyss es la conclusión de su obsesión por el mundo marino. Aquí empieza su leyenda de dichoso y exigente. La película tuvo el mayor presupuesto hasta la fecha, fue un éxito, la calidad técnica de la película tiene precisión de relojero y todos acabaron hartos de sus requerimientos, hasta el punto de que el protagonista, Ed Harris, no ha vuelto a hablarle desde entonces.

Durante este rodaje, unos seres azules aparecen en la cabeza del director y empieza a tomar notas…

Era un secreto a voces que se necesitaba recuperar a Terminator, y el resultado fue maravilloso. De nuevo con un presupuesto digno de un país en vías de desarrollo, se crea una película que contra todo pronóstico es considerada de culto. No suelen ser las películas de acción dignas de las hemerotecas, pero Terminator 2 lo consigue. El atractivo en sí de la historia, el cúmulo de frases que calan en el colectivo público (“Sayonara baby”, “Volveré”, “No problemo”, “Necesito tu ropa, tus botas y tu motocicleta”), las cuidadas escenas de acción (Quién no recuerda ese centro comercial, el exterminio nuclear arrancado la piel a la gente de un parque, la persecución por el túnel con un camión que vuela de un puente, el rescate del manicomio de la mítica Sarah Connor…) y esa relación filial entre el Terminator y John Connor, entre la máquina y el hombre, que llega a su clímax con un emotivo final. No hay que olvidar las detalladas maniobras de marketing que acompañarán a la película, incluso contando con la promoción del álbum del grupo de música más deseado esos años, Guns N’ Roses, que les viene como un guante a la temática del film.

La película creó hasta debates, llevando la invención de robots autómatas al Senado de Estados Unidos, y posteriormente, se prestó a teorías de conspiración cuando alguien se percató que en la película, al estallar el camión contra un puente, hay una señal que indica “9/11”, siendo la película rodada una década antes de los atentados del World Trade Center, y habiendo tenido un estreno exclusivo, en Washington, el 4 de julio de 1991.

La saga sigue en pie, aunque Cameron ya no se ocupe de ella. Y, atención, que Arnold Schwarzenegger volverá a vestirse la chupa de cuero y ser un T-800 envejecido. Las virguerías de los guionistas para justificar esto son intrigantes.

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“Volverá”

Para su siguiente película, True Lies, de nuevo contó con Arnold y con el beneplácito de ser la película más cara, algo que hasta la fecha sigue siendo un sello distintivo en su filmografía. De nuevo un éxito y otra escena para el recuerdo: El uso de los aviones de combates Harrier para rescate en azoteas. Y eso que, supuestamente, es su primera incursión en la comedia.

Y LLEGÓ TITANIC…

Batir a “Lo que el viento se llevó” fue un hito. No se puede decir que fuese la película más vista, pero si las más recaudadora hasta la fecha. En su defensa diré que es una buena película, denostada por el romanticismo más empalagoso que se ha visto en el cine, y que creó el público. Esta película, que ante todo narra un hecho histórico y que es un verdadero drama, quedó ensombrecida por una historia de amor clásica y con un emotivo final más que cuestionable. Pero la fórmula es perfecta (Pasión, prohibición, injusticias sociales, tragedias) y los resultados son la prueba. De nuevo, el hartazgo con Cameron alcanzó cotas peligrosas, llegando a recrear de manera exacta incluso la vajilla que había en el barco. Es tal su afán de rigor histórico, su amor por las profundidades y los documentales que la película empieza como tal. La catapulta por la que fueron disparados dos de los mejores interpretes de su generación, Leonardo Di Caprio y Kate Winslet, les obligó a retirarse del cine durante años. Volvieron, por fortuna. Fue tal la recaudación que incluso la Paramount regaló a Cameron 100 millones adicionales a sus ya de por si abultados honorarios. Como última curiosidad, casi se llegó a firmar para los papeles principales a Johnny Depp, Christina Ricci y Anthony Hopkins, lo que si le habría dado el tono tenebroso que quería crear inicialmente James Cameron. ¿Os imagináis?

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“Jack y Rose sin sospechar lo que se les viene encima”

LA REVOLUCION DEL 3D

Y volvió a hacerlo. “Avatar”, una película ideada en los 80 y escrita en los 90 se estrena en el nuevo siglo con un éxito sin precedentes. Bueno, sí, el suyo, pues se superó a sí mismo. Llegó incluso a amenazar con doblar la recaudación de Titanic, que ya parecía una barbaridad imbatible. De nuevo, James Cameron pone pie y medio en consagradísimos efectos especiales, esta vez muy a pesar de la historia, que peca de falta de originalidad por todos lados. Pero no le quitemos mérito. El esfuerzo y la inversión por crear una nueva tecnología que cambiase la manera de narrar en una pantalla merece el reconocimiento. El privilegio es suyo, pues los intentos por igualarlo crearon más una fama que una verdadera revolución, que sólo parece estar en sus manos.

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“El mundo mágico de Avatar”

La trilogía de Avatar está en marcha y parece indicar que en el próximo verano la tendremos en cine. Aunque con esto nunca se sabe, ya se ha retrasado varias veces. Pero, claro, estás desarrollando una nueva tecnología aún más potente. ¿Dónde? En el fondo del mar, claro, que es donde se desarrolla la continuación de la historia. ¿Por qué potenciar el rodaje sobre tierra con lo divertido que es rodar a kilómetros de profundidad? Eso debe pensar la mente tecnológica del rey Midas de Hollywood. No nos engañemos, por mucho nombre que tengan otros, nadie puede comparársele en empeño y eficiencia.




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