Los fenómenos y la crisis del ladrillo

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Hubo un tiempo no muy lejano en España en el que si no te comprabas una casa eras tonto o lo siguiente. Unos años en el que la construcción era la panacea y la profesión en la que cualquier hijo de vecino deseaba meter la cabeza, porque nunca faltaba trabajo en el sector y se ganaba dinero a espuertas.

En ese contexto histórico,  finales de la pasada década, está ambientada ‘Los fenómenos’, película que el fin de semana pasado llegó a las carteleras. La protagonista del filme es Neneta (Lola Dueñas), una madre coraje que después de haber roto con su pareja y padre de su hijo (Luis Tosar) decide regresar a su pueblo natal. Y aunque se intenta ganar la vida como puede, comerciando con pulseras y otros objetos de artesanía, pronto acabará metiendo la cabeza en el mundo de la obra, en el que no será especialmente bien recibida por unos compañeros exclusivamente masculinos.

‘Los fenómenos’, que participó en el pasado Festival de Cine Español de Málaga, está dirigida por Alfonso Zarauza, quien además es autor del guión junto a Jaione Camborda. Un libreto más que interesante y con una dirección resuelta con cierta solvencia que logrará que muchos espectadores logren una gran empatía con una historia en la que todos creen como idiotas que la construcción levantaría España en lugar de hundirla. Y es que se reparte estopa por doquier ya desde el título (fenómenos es como llama el capataz de la obra a sus secuaces antes de pagarle parte del salario en a y otro tanto en negro, a la par que les agasaja con ensaimada para que todo parezca maravilloso y genial).

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‘Los fenómenos’ durante su presentación en el Festival de Cine de Málaga

 Lola Dueñas, quien recientemente fue premiada en el Festival de Málaga pero en este caso en el Fantástico, está maravillosa como suele suceder en todas sus películas, y es la protagonista absoluta del filme que narra su historia y nada más que su historia. Su Neneta es una luchadora que no se rinde y a la que no se le cae los anillos, y a la que vemos poniendo ladrillos como una más. Como curiosidad, tanto Lola como el resto de actores hicieron un curso de albañilería exprés al igual que el resto del reparto para dar la talla delante de la cámara.

Al ser un fiel reflejo de cómo la construcción jodió la economía nacional, el espectador ya sabe desde un principio que aquella empresa en la que todos se llevan estupendamente acabará hecha trizas, y que los buenos no serán tan buenos y que más bien se desenmascararán como hijos de puta en potencia. Pero aún así, el espectador no querrá perderse el particular viaje a sus orígenes a la par que a ninguna parte al que se enfrentará Neneta. Un drama como una catedral en el que el humor está siempre presente de manera sutil y contenida, y en el que entre carcajada y carcajada hay lugar para la reflexión, como el momento en el que cenan en casa de uno de los “fenómenos” que vive hipotecado en un cuchitril de nueva construcción con paredes de papel, o el del gordito bonachón que dejó los estudios para trabajar y que tiene un alma cándida y al que la vida le tiene guardado varios reveses.

 




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