La culpa del sexismo la tienes tú

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Internet vuelve a hervir (¿deja de hacerlo alguna vez?) ante una polémica campaña llevada a cabo por algunos locales nocturnos de Magaluf, Mallorca. Se trata de una moda que ya se ha denominado como mamading, y según la cual, se ofrece barra libre a las chicas que ganen un concurso de felaciones que tiene lugar en el bar en cuestión.

Ya hay vídeos y fotos de esta particular competición circulando por la Red y muy poco tiempo han tardado en llegar las primeras reacciones al respecto. El Instituto de la Mujer ha condenado esta práctica, que considera “vejatoria, denigrante y discriminatoria”.

En la misma línea, el Govern y el Ayuntamiento de la localidad se han mostrado muy críticos con esta nueva moda, “moralmente deleznable”, pero advierten que, desde el punto de vista legal, poco pueden hacer, ya que “se trata de una actividad realizada entre personas adultas que, como tales, resultan libres de hacer lo que crean oportuno siempre que no existan coacciones”.

Recreación del mamading en horario intantil.

Recreación del mamading en horario intantil.

No es la primera vez que un club nocturno opta por una estrategia similar para atraer más público y, de paso, obtener publicidad gratuita derivada de la polémica. Desde sorteos de implantes de pecho, hasta pujas de solteras con dinero del Monopoly para pasar un tiempo intimidad en un palco VIP.

No descubrimos nada nuevo si afirmamos que el sexo vende, pero, ¿dónde empieza todo?

El sexismo socialmente aceptado

Todos hemos pasado por una situación similar: al llegar a la entrada de un bar o discoteca, se nos informa de que las chicas no pagan y que los chicos tienen que desembolsar X cantidad para poder acceder al local.

¿Cuántas veces habéis visto a una mujer plantarse y exigir que le cobren la entrada porque consideran que esa norma es injusta, sexista y cosificadora del género femenino? Seguramente ninguna. Como mucho, en un grupo mixto de amigos, se divide el precio del acceso masculino y se paga entre todos.

El reclamo sexual siempre ha funcionado en la noche española (e internacional). Y aunque algunas estrategias de marketing llevadas a cabo en los últimos años puedan ser más llamativas y agresivas, es sorprendente que haya ejemplos de sexismo que tenemos totalmente asimilados y aceptados.

Homenaje a los soldados escoceses caídos en la batalla de Bannockburn en 1314 por una discoteca de Levante. Imagen: flickr

Homenaje a los soldados escoceses caídos en la batalla de Bannockburn en 1314 llevado a cabo por una discoteca granadina. Imagen: flickr

Está claro que la última palabra la tienen los clientes que visitan y aceptan estas reglas del ‘juego’. ¿Seguiría promoviéndose el sexo oral a cambio de alcohol sin límites si no hubiera participantes de ambos géneros? ¿Sería distinto si se dieran todas las posibilidades, es decir, que también hubiera concursos de este tipo que satisfacieran a todas las orientaciones sexuales? ¿Continuarían celebrándose competiciones de camisetas mojadas y l@s gogós meneándose semidesnud@s en las tarimas de las discotecas?

Porque, hipocresía, ideología y moralidad aparte, el sexo vende, sí, pero porque nunca le faltan compradores.




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