Lo que no saben los de Madrid

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Vivimos en un mundo en el que haber nacido en cualquier metrópolis nos da más credibilidad, más sabiduría, más glamour… y, por supuesto, más tonterías. Las personas que tenemos raíces en pueblos o pequeñas ciudades en ocasiones nos encontramos con gente que, por el simple hecho de haber salido de Madrid, Sevilla, Barcelona, Zaragoza, o cualquier otra gran ciudad; se creen que pueden dar lecciones de casi cualquier cosa.

Muy a pesar de sus hinchados egos, no existe una mentira mayor. Ellos pueden tener el Prado, la Sagrada Familia, La Giralda o el Guggenheim, pero les falta mucha vida… Vida de esa que se consigue con las rodillas llenas de raspones o con la perspectiva de un mono desde la copa del árbol más alto del pueblo.
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Mientras que los urbanitas pasaron su niñez en algún parque minúsculo bajo la supervisión de sus padres, o encerrados en casa con la mente inmersa en cualquier videoconsola (o viajando de clase de judo a inglés, de allí a informática…) nosotros tuvimos todo el tiempo del mundo para divertirnos de manera activa, explorar y aprender de nuestras experiencias, en primera persona.

Algo tan cotidiano y fácil (a simple vista) como encender fuego puede convertirse en una auténtica pesadilla cuando no tenemos mechero. Y si no, que se lo digan a los de Supervivientes, que si no fuera por Nacho Vidal (el cual, por cierto, no es lo que se dice un Bear Grylls) aun no tendrían fuego.

nacho vidal fuego

Cualquier persona que haya crecido, al menos parte de su vida, en un ambiente rural ha aprendido 20 maneras diferentes de hacer fuego en cualquier situación. Porque toda travesura que se precie lleva algo de fuego.

Miles de cosmopolitas tampoco tienen ni idea de lo que significa irse de romería. ¿Cómo va a ser épica una fiesta a la que vamos en chándal? ¡Y que, encima, se monta en el campo! Pues si, eso es una romería. Y cada vez que alguien de fuera la prueba, repite. Porque salir de fiesta sin tacones no solo no es el fin del mundo sino que te abre las puertas de un nuevo mundo donde cuenta disfrutar y no “¡qué pensarán!“.

Otra gran pega de las grandes ciudades es la enorme concentración de personas que encontramos donde quiera que vayamos. Porque siempre hay gente. Mucha gente. Y muchas colas, para todo y en cualquier momento.

lo que no saben en Madrid

O peor aun, podemos coger nuestro coche con la intención de llegar a una cita en hora punta y encontrarnos kilómetros de atasco. Esos infernales atascos que, a menudo, nos hacen perder un tiempo tan valioso que podríamos haber invertido en cualquier alternativa que no fuera pegarle puñetazos al volante del coche.

lo que no saben en Madrid 1

Lo mejor de todo, hablando de coches, es que nunca tendrás problemas de aparcamiento. Da igual que sean las 10 de la mañana o las 6 de la tarde: tendrás el sitio perfecto reservado, posiblemente a menos de cinco metros de tu destino, para llegar y aparcar. ¡Y sin tener que dar 50 vueltas antes!

Además, cuando alguien nos dice que le acompañemos “aquí mismo” es eso exactamente lo que quiere decir. En los pueblos, “aquí mismo” no significa tener que coger el metro y dos autobuses para llegar, tal y como hacemos en Madrid; sino que, simplemente, andando durante cinco minutos llegamos a nuestro destino.

Quizá una de las razones más prácticas para apoyar a los pueblos sean sus precios. Mientras en la ciudad tienes que vender un par de órganos para poder pagar una copa, en cualquier pueblo puedes encontrar sitios donde puedes estar seguro de que con 10 euros vas a poder tomarte varias. O, si no, se lo dejas a deber; porque todos te conocen y saben que volverás.

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Porque, y frente a la creencia popular de más de uno, la gente de los pueblos no es tan ignorante. Al menos, no tanto como el que se cree que lo sabe todo por haber nacido en una urbe (porque no podría estar más equivocado). La sabiduría popular, por encima de todo, nos enseña a ser prácticos de la vida y a saber diferenciar las cosas realmente importantes de las que no lo son tanto.

Nuestro ritmo de vida actual es suficientemente estresante como para, encima, alabar a las ciudades por encima de todas las cosas. En la España rural podemos encontrar los mejores retiros para pasar unas auténticas vacaciones y desconectar de verdad de este mundo tan absorbente, aunque sea por unos días. Admira la cultura a los pueblos y, sobre todo, !déjate querer por ellos!




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