Experimento social del Hormiguero demuestra nuestro “borreguismo”

Nunca he sido un gran fan del humorista Leo Bassi, pero he de decir que se ha marcado un puntazo. En uno de los ya míticos “experimentos sociales” del hormiguero, el humorista austriaco nos ha demostrado como funciona el negocio de la música y las discotecas.

El mecanismo ha sido muy sencillo: Leo ha compuesto la peor canción que se le ha podido ocurrir, sin ritmo, con sonidos de animales mezclados con flatulencias y ruidos varios como la “musiquilla del afilador”. El segundo es hacerse pasar por un Disc Jockey hipster extranjero para ser presentado en una discoteca de la noche madrileña.

¿El resultado? Los asistentes reciben la información de que Big Daddy and Bass es un gran Dj que va a presentar su tema nuevo. En cuanto empieza la música, todo el mundo empieza a bailar, haciendo caso omiso de la mala calidad de la composición.

Así es como funciona el mundo de la música discotequera a día de hoy. Si nos dicen que algo está bien, nos gusta. Una auténtica pena. No sé si serán las cámaras, o la presentación previa (en la que le llegan a pedir autógrafos), pero la gente baila.

Y es que la música en nuestras discotecas va de mal en peor. Mujeres bailando al ritmo de letras machistas, en las que se las vitupera, ídolos de masas que no saben cantar ni ningún aspecto relevante de la música, y un largo etcétera de condicionantes que nos están convirtiendo en consumidores borregos al servicio de lo que nos dictan.

El experimento es claro, pero no descubre nada. Si un espécimen como este pudo llegar a tener un caché de 5.500€ por concierto, ¿qué podemos esperar?




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