El pretexto de la colleja

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¿Quién no conoce el juego de las matrícula capicúa? Ese en el que, en cualquier momento, podías recibir un puñetazo en el hombro o una colleja por el simple hecho de que alguien había visto una matrícula antes que tú. El emisario solía ser un hermano, una hermana, el compañero de clase o tu “best friend”.

Porque si no era este juego, puede que fuera al del escarabajo (Conocido en inglés como Punch Buggy: con la misma mecánica collejil tras visualización de dicho modelo de coche alemán) o a cualquier otra modalidad con tal de soltar una dosis de esa pócima de resquemor y amor que se acumula en nuestras almas sobre las nucas de tus seres queridos.
punch buggy
Pues bien, si eras de esos de mano suelta, de los que buscaba que apareciese un coche amarillo o con matrícula para soltarle una colleja a tus colegas, esta es tú semana. La semana capicúa (según el sistema de fechado anglosajón):
SEMANA DE LA COLLEJA

Las collejas que me salvaron la vida

Actualmente, como buen calvo de cabeza afeitada, soy un blanco fácil para recibir collejas de todos los contextos, cariñosos, didácticos y no tan afectuosos. Pero mi cabelluda juventud no me eximió de recibir un par de manotazos parabólicos.
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No sólo porque cada vez que te cortas el pelo “quien se pela se estrena” justificaba el collejón. Sino porque había infinidades de variantes del Buggy Punch. Como buen chico del extrarradio, mis caminatas del centro a casa con mi compañero de fatigas se veían a menudo amenazadas por nuestro juego de matrículas. El primero que formase una palabra o locución (lo más racional posible) con las tres letras de la matrícula, tenía derecho a la colleja.

Así, mi Ibiza, matrícula -DPJ, se convirtió en un coche De PiJo o el -HRZ de otra amiga quedó bautizado como HeRZio.

Entre esas y otras excusas, algunas de las collejas que recibimos en nuestra vida ni son por un juego, ni nos vienen de tan jóvenes. Parrafraseando el mítico tema de Rubén Blades: “La vida te da collejas, collejas te da la vida…[O algo así, ¿no?]

Los hombros a veces también forman parte de estos juegos

Los hombros a veces también forman parte de estos juegos entre hermanos

Si, ya sé que está mal promover la violencia, pero es que una colleja no es violencia per se. Depende de la intención. La colleja, desde el cariño, puede salvarte de un verdadera bofetada.

Colleja viene del latín collum (cuello) y debe ser por eso que está tan implatado en la cultura latina. Y además viene ligado también a otro concepto, el de madre.

Manolito Gafotas: : Uno de los más célebres receptores de collejas de la literatura española.

Manolito Gafotas: : Uno de los más célebres receptores de collejas de la literatura española.

El español la recibió de su mamá, el italiano de la sua mamma y el argentino de su vieja. Desde luego, la colleja de una madre es parte de nuestro crecimiento. Ya sea para recordarnos que se te han olvidado las llaves por fuera de la puerta, o por un examen al que no llegas a tiempo porque has remoloneado desayunando, la colleja rutinaria materna estaba justificada como un dogma.

No duelen, pero que te espabilan igual. Con una mirada a veces bastaba para que callaras un comentario afortunado, con una frase para que no cayeras en un viejo. Collejas de esas que te hacen ver la luz y te salvan de una catástrofe.
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Son también los camaradas, y familiares en general, dados a este amistoso consejo en forma de capón. Porque antes la definí como golpe parabólico, y lo decía en el doble sentido. Una colleja recibida a tiempo lleva más mensaje que una parábola del evangelizado carpintero de Nazaret.

De esto modo y por la presente, quiero rechazar cualquier tipo de violencia, especialmente hacia los niños en su educación, con la salve de la colleja cariñosa, didáctica y cercana que a más de uno nos ha puesto en camino. Ya sea simbólica o atizada con el más puro amor, la colleja ha de preservarse como cultura latina, como la siesta o la lengua castellana. Así que ya sabéis: Entre oreja y oreja

Sin más, un más que cariñoso recuerdo a Amparo Baró, que nos dejó hace unos meses. Maestra de la colleja parabólica y madre de muchos de espectadores que nos reuníamos a aprender de las “Lecciones de la Sole”.
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