El bofetón de los veintitantos: ¡Plaf! la vida

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Celebramos hoy (cada año un poco menos) el Día del Padre y, como muchos y muchas, no podré celebrarlo con el mío. Al menos, y a modo de regalo a todos los padres que no pueden ver hoy a sus hijos de veintitantos, pude elegir la cita del día en nuestra página de Facebook.

post facebook día del padre

Está cita nos toca muy adentro a muchos, porque pocos como Mark Twain retratan en sus novelas la realidad de social de un muchacho en un país venido a menos tras la explosión de una burbuja (en su caso la abolición del sistema esclavista en Estados Unidos). Porque todos tenemos algo de Tom Sawyer.

Los ochenta (o no los recordamos o no los vivimos) quedan como una leyenda divina de la superación española. Nosotros vivimos regalados, crecimos con todo lo que nuestros padres nunca tuvieron. Juguetes, comuniones de bandera, los Reyes eran otra historia, y llegaron los ordenadores a nuestro alcance.

Sucedió, que para los “dosmiles”, surgió una ventana al mundo sin salir de casa. Tus amigos y tus no tan amigos, a un click de distacia. Posiblemente se tratara una charla sobre el último vídeo grabado con un nokia que tenía menos píxeles que el tetris, porque su hermano había estado en una discoteca de cerezas en Ibiza.

Y decías, “¿Qué va a saber mi padre lo que es la vida? Si entre que duerme y trabaja, no sabe ni quién es Beyoncé”. Así que, más cerca de 2010 que de 2005, con suerte pudiste llegar a la Universidad. “Lejos por favor, que estoy hasta las narices de mis padres todo el día diciéndome que, según están las cosas, hay que estudiar”.(Si tuviste menos suerte, tu independencia pudo empezar por el paso 2, emigrar a buscarte la vida, porque lo que es en España,… imposible).

Pero volvamos a los que tenemos la suerte de estudiar una carrera. Muchos nos fuimos sintiendo que ya estaba hecho, ¿qué va a haber más difícil que Selectividad? (Cada día me río del estúpido yo que pensó eso). Lo que empezó siendo un camino de fiestas, nuevas amistades, nuevas experiencias, acaba con el primer periodo de exámenes de tu vida. Y es que a mí me dijeron que no eres universitario hasta que no apruebas una en la carrera. Y parece que no, pero cuesta.

Tras batallar con años de exámenes y temer sus fechas como el día del juicio, renuncias a fiestas, al evento del año o al que va a ir tu amor platónico. Resulta ser precisamente en este periodo en el que te das cuenta que los de primero de tu carrera son unos críos. ¡La universidad se ha llenado de niños! Hay que acabar o te pilla el toro.

Entonces tienes dos opciones, apretar en la carrera, o unirte a los críos, que te recuerdan mucho a tí, la verdad. Así llegas al fin de la carrera, con un ojo hace meses en las oposiciones, en las precarias ofertas de trabajo (de lo tuyo y de lo que sea) y temiendo unirte al paso 2, y separarte de todo lo que tienes para no sumar una boca en casa.

De nuevo, la generación “ni-ni” y los universitarios se reúnen, dejando a los emigrantes como únicos héroes. Tras unos años de separación, el que no acabó la E.S.O. está en el sofá con su padre, viendo Saber y Ganar después de comer, un martes, al igual que lo está el Graduado del plan Bolonia, o el Licenciado de anteriores planes.

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Y es en ese momento en el que te das cuenta, de que tu padré trabajó y durmió y trabajó y durmió y se perdió a Beyoncé y el Facebook y Juego de Tronos y todo para que tú ahora puedas tener lo que tienes a los veintitantos o seguir sentado en el sofá, decidiendo qué hacer con tu vida. Y ni siquiera te apresura, quiere que te lo pienses bien.

Es en ese momento en el que el niño de 14 años que pensaba que nunca sería como su padre, descubre que es prácticamente imposible que algún día pueda brindar a sus hijos una vida como la que a él le brindaron. Por ello, felicidades a todos los padres, y en especial a esos cuyos hijos tenemos veintitantos. ¡Gracias por llevarnos hasta aquí!

día del padre

Un abrazo de los que nos vemos en el sofá, con la vida remangándose para darme un bofetón, a la vuelta de la esquina. ¡Plaf!




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