Don Ritchie, el hombre que salvó a 160 personas del suicidio en 50 años

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Don Ritchie llevaba 50 años viviendo justo en frente de uno de los puntos más utilizados por gente que quiere acabar son su vida. Se trata de una zona en la que hay un acantilado llamado The Gap (El hueco), que suele ser el destino de muchos viajeros que deciden realizar allí su último trayecto. Muchos hubieran decidido mudarse en poco tiempo, puesto que ver un espectáculo tan grotesco durante tantos años no puede ser otra cosa que depresivo, sin embargo Don decidió darle una vuelta a su vida y a la de los visitantes de tan célebre acantilado. En este medio siglo Don Ritchie ha salvado a más de 160 personas de acabar con su vida, por medio de su buena fe y una conversación dirigida a la reflexión.

Cada mañana, Don se despertaba y miraba por su venta a la espera de encontrar algún alma taciturna cerca del acantilado, sus años de experiencia le enseñaron a saber diferenciarlos de los turistas y curiosos. “Cualquier persona sola de pie delante del precipicio”, decía el salvavidas australiano, “puede ganar una nueva vida”. Cuando detectaba una de las posibles victimas de la desesperación, Don caminaba hacia él y le convencía con su ofrecimiento “Les ofrezco una alternativa real, siempre les hablo amigablemente y siempre con una sonrisa”. Un té y un rato después, la gente que le seguía a su casa tras tal ofrecimiento, adquiría una apreciación de la vida humana propia y ajena que le permite volver a casa y dejar a Don, un día más, satisfecho con su labor.

Una valla de apenas un metro de altura protege el lugar desde el siglo XIX

Una valla de apenas un metro de altura protege el lugar desde el siglo XIX


Muchos dirían que la localización de la vivienda de Don y su esposa Moya es una de las peores del mundo para vivir. Con una media de una persona a la semana cometiendo suicidio allí, podría parecer que las 160 nuevas oportunidades que Don ha conseguido dar son una nimiedad. Pero el asegura que cada una de las almas salvadas tiene para él un valor suficiente como para considerar su vivienda y su oficio una bendición al poder ayudar a la gente. Muchos se han negado a escucharle, otros tenían tomada la decisión a pesar de sus palabras alentadoras y, en muchas ocasiones, Don tuvo que agarrar a las víctimas para que no saltaran a la espera de la llegada de la policía.

Nadie sabe si después de Don, que falleció el año pasado de al perder su lucha contra el cáncer, vendrá otro que cumpla su encomiable tarea. Pero Don, que vivió en uno de los lugares más deprimentes del mundo y aún así el Ángel de The Gap permaneció siempre optimista diciendo: “Imagino que alguien vendrá y seguirá con lo que llevo haciendo 50 años“.




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