Premios Goya 2015: Dani Rovira, La isla mínima y los momentos eternos

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La cosa empezó mal, muy mal. Lo que parecía un buen recopilatorio de lo mejor del cine español se convirtió en la sempiterna Ana Belén apareciendo sobre el escenario, algo que empeoró inmediatamente Eduardo Noriega al hacerle el dúo. Otro recopilatorio y ahora es Lolita la que canta el clásico de su madre “A tu vera”…y lo que parecía insuperable se agravó con Hugo Silva y Fran Perea cantando a Raphael, a un nivel inalcanzable para ese chorro de voz, cante quien cante, pero es que Fran Perea… Un repunte con un coro de actores cantando la versión de “Resistiré” del Dúo dinámico. En el centro, apareció uno de los protagonistas de la noche: Dani Rovira. Se presentó pletórico ante un auditorio que ya había comprendido la reivindicación de los actores al lanzarse con ese tema, y cuyas primeras actuaciones forzadas parecían una excusa para dar paso a ese grito de resistencia.

Dani Rovira y su gala monólogo

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Dani Rovira quiso ponerse serio, y el discurso se le fue haciendo cuesta arriba hasta que fue a por Wert. Poco tardó en amenazar con convertir al polémico ministro de Cultura en el foco de atención. Por suerte, en esta gala los premios Goya no se han convertido en un recalcitante discurso político, que desde aquel “No a la Guerra” y con la excepción de un sensacional discurso de Alex de laIglesia se había convertido en una tediosa manía. Teniendo este año más motivos que nunca por el prohibitivo IVA impuesto a la cultura, decidieron dejar, salvo excepciones, al ministro como un espectador más, aunque Dani Rovira hizo varios amagos a lo largo de la gala que lo pusieron sobre aviso. Su presencia, una vez más, resulto desagradable, y con razón.

Rovira se soltó al transformar la gala en lo que mejor sabe hacer: Un monólogo. Recreándose en hablar con los protagonistas de las nominadas a mejor película, además de con Antonio Banderas y Penélope Cruz, que veían la gala desde la primera fila, mantuvo el ritmo de manera excelente. Interactuó con el público, especialmente con Jesús Castro y Javier Gutiérrez, al que por cierto, intentó dejar en ridículo hablando de su baja estatura. Hizo lo que le pidieron, que era amenizar y entretener a su manera. Tuvo un minuto de gags divertidos, muy de su estilo, que poco a poco fueron cubriendo la gala de un toque desenfadado, muy andaluz. Málaga estuvo más presente que nunca gracias a Rovira y Banderas, pero hubo grandes reivindicaciones a Cádiz, Huelva y Sevilla, y es que además de lo dicho, “La isla mínina” y “El niño”, grandes favoritas, se rodaron en apenas cien kilómetros a la redonda.

El discurso de González Macho

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Nerea Barros, Goya a la mejor actriz revelación, nos dio el primer momento emotivo de la noche, para poco después dejar paso al productor González Macho, actual presidente de la academia. Sesenta minutos de gala llevaban transcurridos y Macho ofreció un discurso correcto, con una justa reivindicación a la bajada del agresivo IVA, la comparativa de otras industrias como la francesa, la argentina o la estadounidense, cuyos embajadores estaban en la sala, bien regada con un agradecimiento al público y a las televisiones, con una crítica de soslayo a la manipulación informativa de Radio Televisión Española. Como había hecho el presentador Rovira al comienzo, destacó el fantástico año económico que fue el 2014 para el cine español, haciendo hincapié en la generación de puestos de trabajo y beneficios del estado. Como todos los años, no se dijo nada sobre ese agujero negro que son los Créditos ICO del ministerio de cultura, y que, si bien fomentan el desarrollo del cine patrio, siguen siendo un coladero de derroche absurdo. Terminó el discurso con una mención considerada a la importancia del cortometraje, que se remató con una serie de chistes cortos de Rovira, que volvió a escena sin pantalones, y se sentó mientras preparaban el escenario para que todos los nominados a la categoría de cortometraje recibiesen sus nominaciones sentados en sillas, a un lado del escenario.

Otra hora más de premios que se saldaron con la interpretación absurda de un claqué, que recordó a los espectáculos más horribles e innecesarios de los últimos Goya. Afortunadamente, se ironizó después con la “importancia” del claqué en el cine español y lo ridículo de números musicales de anteriores ceremonias.

Dos horas después…

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A las dos horas de gala llegó lo mejor. El Goya honorífico a Antonio Banderas, presentado por Pedro Almodóvar (que mandó hirientes desprecios a Wert y no desaprovechó la oportunidad para hablar de él mismo más que del galardonado) comenzaba con un buen recopilatorio visual de su carrera. El discurso de Banderas fue tan literario como brutal. Con una elegancia y sobriedad a la que no nos tiene acostumbrado, habló del oficio de actor y de la temeridad necesaria para el artista, alegando que es la incertidumbre la que los mantiene despiertos. Un discurso sentido y brillante que coronó con una sensible dedicatoria a su hija, por la que lamentó haberse perdido su infancia debido al trabajo. Con pausa, sabiendo que era su momento, se comió al auditorio como muchas veces se ha comido las cámaras.

Carmen Machi recibió el Goya a mejor actriz de reparto recordando a la reciente fallecida Amparo Baró con gran cariño. Poco después, Alex O´Dogherty protagonizó un número musical muy logrado, pero excesivamente largo que se prolongó aún más con la entrada de El Langui para dar el premio a mejor banda sonora.

Llegó el momento del mejor actor revelación, y Dani Rovira apareció como una exhalación pidiendo sentarse entre el público para esperar el veredicto, que le fue satisfactorio. Campechano y cercano, agradeció su Goya y no se le volvió a ver más. Definitivamente, lo había dado todo y parecía desbordado por tantas emociones. Fue su noche.

Una buena despedida de los fallecidos este año con música del enorme Paco Lucía fue seguida por el galardón a mejor documental para una biografía que rodó su propio hijo, y aunque sólo sea por la importancia del guitarrista debía llevarse el premio.

Parece que esto daba excusa a que Miguel Poveda cantase no una, sino dos canciones. El flamenco quiso estar presente en los Goya, aunque no hubiese mucha relación con el cine, sencillamente por su importancia. Alargó una gala que empezaba hacerse eterna.

Penélope Cruz presentó el Goya a mejor película, que por supuesto cayó en manos de “La isla mínima”, ganadora cantada de unos Goya que no le ofrecieron mucha competencia. “Ocho apellidos vascos” no entró como candidata en apenas categorías, a pesar de su éxito histórico, y “Relatos Salvajes”, la única capaz de hacerles sombra, fue marginada por su carácter de producción compartida y un marcado acento argentino que la hacía distante.

10 estatuillas para la “Isla Mínima”, incluyendo mejor guión, película, director y actor protagonista. Dani Rovira volvió rodeado de varios actores recitando un largo soneto sobre lo acontecido en la gala, que no sabemos si será de su autoría.

En definitiva, una gala más, algo más chispeante y humilde que otras, y como todas, con un retraso considerable en los horarios. Veremos qué nos ofrece el cine español este año, el gran responsable de que las galas merezcan realmente la pena.

Puedes consultar la lista completa de ganadores de los Goya 2015.




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