Un paseo por Andalucía: Isla Cristina

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A medida que se acerca el calor, muchos españoles huyen en desbandada hacia la costa en busca de las ventajas y bondades que nos ofrece el interior de la península. Los que eligen Andalucía como destino, disfrutan de sus amables playas, que se extienden desde Huelva hasta Almería. No obstante, y sin ánimo de descalificar el turismo de mar, dichas provincias ofrecen unos atractivos cercanos que a menudo pasan desapercibidos. Por ello, intentaremos descubrirlos y orientarlos para los deseosos de descubrir lugares escondidos.

Isla Cristina

Si la provincia de Huelva tiene un lugar que está disfrutando del auge del turismo, ésa es la zona más occidental, ubicada entre el querido Algarve portugués y la conocida playa de Punta Umbría. Desviándonos hacia el sur por la autopista que nos conecta con el país vecino, a tan sólo unos kilómetros de éste, llegamos a la población de Isla Cristina. Lugar manso y cotidiano, de un bullicio apenas notorio en verano, esta antigua localidad pesquera, que debe su nombre a la reina regente María Cristina de Borbón, ha ido retirando su actividad marítima para dedicarla al sector servicios. Su imponente puerto y el grueso faro que lo domina sigue siendo el surtidor que abastece de pescado fresco a Sevilla y alrededores. Su industria salazonera continúa en competencia con las más importantes del país y se enfrenta directa por la hegemonía que desde hace años brota por las costas de Huelva. Bastaría adentrarse en su Lonja a horas prematuras para calibrar el peso que aún conserva la importancia de todo lo que se arrastre desde el mar; el trasiego constante del mercadeo y la pugna del precio. Pero la localidad se ha mostrado siempre reacia al límite del mar, aun viviendo de él. Le ha ganado partida a la costa y a sus presentes, de los que siempre ha vivido.

Isla Cristina tiene un deje extraño. Sin dejar de ser un pueblo pesquero, tampoco lo es turístico. Lo cosmopolita que siempre entraña el turismo aquí se resiste. El pequeño auge cultural que vivió en los años 20 se ve dispersado por toda la ciudad, dando aún más notoriedad a esa extraña sensación de sentirse en una ciudad sin identidad definida. El casino de Isla Cristina es buena prueba de ello. A tan sólo unos metros de distancia del puerto, entre callejuelas, uno llega a un lugar donde lo periódico y lo artístico, donde lo culto y lo oriundo, se entremezclan de una manera que es difícil descubrir fuera de Andalucía. Casinos como éste se encuentran en muchas localidades de la vieja Al-Andalus. Sólo en estos lugares uno puede beber una copa, mientras una cantaora se desgañita la garganta al tiempo que sus acompañantes taconean; las guitarras y los cajones son golpeados; el gentío barulla y transita de una forma similar a cualquier pub de otras urbes más concurridas. Todo esto bajo el artesonado de un art-decó aún por definir que no sólo se encuentra en las fachadas, sino también en sus sillones, escaleras, mobiliario, en espacios que dejan siempre sitio a las esquinas donde reposar al calor de un café y leer, pues es propio de estos centros contar con bibliotecas donde descansan clásicos que van de Dante a Lorca, de Dumas a Antonio Gala. Por supuesto, la escena transcurre bajo el fuerte influjo de lo andaluz, que no permite nunca no ser visto, y que debe dejar su impronta no sólo en el ambiente, sino también en su arquitectura.

Edificio La Unión. Casino de Isla Cristina

Edificio La Unión. Casino de Isla Cristina

Buena prueba de ello son la Iglesia Nuestra Señora de los Dolores, la casa Román Perez o el curioso museo del Carnaval, que no cedieron a las presiones estilísticas de moda en sus respectivas épocas. Digna es la mención del museo, que le dedica un espacio a su fiesta más concurrida, y que lucha, o lo intenta, por acercase en fama al carnaval de Cádiz.

Marismas: principal atractivo

Ajena a este ajetreo, el resto de la pequeña ciudad descansa en construcciones de edificios modernos que han ido aplastando la herencia marítima, dejando paso a apartamentos y avenidas que van a desembocar al principal atractivo que guarda celosamente la ciudad: sus marismas.

Marismas de Isla Cristina.

Marismas de Isla Cristina.

Llegar al faro y recorrer la costa paralela al Atlántico es aquí una peculiaridad. Palabra esta de la que se ha servido Isla Cristina para alimentar su historia, como si la casualidad no quisiese que pasase desaperciba a pesar de su enclave, tan expulsado y escondido en la costa. Su puerto deportivo, que es visitado normalmente en verano por todo tipo de embarcaciones, fue de los pioneros en España. Blas de Infante, nombrado padre de la patria andaluza, residió durante años en la localidad cumpliendo la función de notario, fundando a su vez el ateneo de Isla Cristina que quiso imitar al de Sevilla. El Marqués de Pombal, planificador y reconstructor de un Portugal que necesitaba una enorme mano de pintura allá por el siglo XVIII para ser modernizado, y que es una de las figuras claves de la historia de éste país, quemó las casas de los pesqueros de la zona más unida a España por su rebeldía, y estos, en contestación, mudaron a Isla Cristina en busca de un futuro mejor, marcando así el verdadero arranque de la ciudad. Incluso Concha Piquer dio aquí el último concierto de su vida, en el teatro Victoria.

Las marismas han sido apreciadas por la belleza de sus siluetas, pero ante todo, por sus atardeceres. Dicen que estos y no otros son los mejores de Andalucía, y los más atrevidos, de España. No es la luz la única responsable de esta calificación. El juego de luces que se forma sobre el mar, que actúa de espejo debido a la poca profundidad del agua en esta zona, baña los montículos de tierra que apenas sobresalen, tímidos, en dirección al pueblo. Una embarcación que resuena a lo lejos y que cruza lenta hasta el puerto, la gaviota que se posa en la pasarela y la cigüeña que atraviesa el intenso sol, ya anaranjado, también son culpables. Estos atardeceres no pudieron sino embelesar a quien podría definirlos, y allí acudieron para dejar su impronta los poetas de la Generación del 27. Alberti, Gerardo Diego, Juan Ramón Jimenez, Lorca o Cernuda acudieron a estos atardeceres en busca de inspiración y parece ser que la encontraron. Por este motivo, existe hoy en Isla Cristina la llamada “Ruta de las puestas de sol”, para pasear durante el atardecer topándose con frases de dichos escritores. Hoy, la pluma ha sido sustituida en apariencia por las cámaras fotográficas, que acuden raudas a captar la infinidad de tonalidades que puede ofrecer el sol que se retira un día más.

Atardecer desde las Marismas de Isla Cristina

Atardecer desde las Marismas de Isla Cristina

La playa

Pero Isla Cristina, con todo, también tiene playa, y es otro atractivo esencial. La playa no se encuentra en el término municipal, sino en un extremo. No es una arena que se extiende hacia al mar desde lo profundo de la ciudad, como es costumbre, sino que aparece a un lado, retirada, invitando al paseo. La playa de Isla Cristina es un trayecto kilométrico que la une a su hermana pequeña, Islantilla, y al pequeño puerto del Terrón. Islantilla ha crecido con las bases del turismo de playa, ése a quien quiere resistirse Isla Cristina. Apartamentos y viviendas modernas han formado una localidad totalmente nueva entregada al periodo estival.

Entre la playa más unida a Isla Cristina y la que baña Islantilla, se encuentra un tesoro. Es natural de Huelva proteger sus playas, y de esto se encargan los delgados pinos que se encuentran por doquier. Si uno quiere, puede tomar cualquiera de los dos puntos y visitar ambos pueblos a orillas del mar en un agradable y largo paseo, pues el clima, amortiguado por las marimas desde varios frentes y con el mar al otro, siempre resulta mesurado. Si no, el frondoso bosque de pinos también puede resultar idílico. Actuando como una densa muralla, que deja traspasar los rayos del sol y el murmullo del mar, uno se acabará topando con una casita azul, que hoy sirve como un centro de estudio de aves. Esta casa típicamente andaluza sirve de referencia al paseante, pues lo que tiene delante es una coqueta playa distinta al resto, de fina arena y aguas calmadas. Recibe el nombre, simple, de “Playa de la Casita Azul”:

La Casita Azul, punto de referencia en la playa de Isla Cristina. Foto: Lalaviajera.com

La Casita Azul, punto de referencia en la playa de Isla Cristina. Foto: Lalaviajera.com

Isla Cristina hoy sigue ahí, anclada entre la pesca, la cultura y el turismo, en una posición extraña dentro de la geografía española, que sigue llamando escuetamente a los visitantes, temerosa de abrirse al mundo sin querer perder su esencia.




Hay 1 comentario

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  1. Violeta

    Sin duda alguna, nada tan mágico y hermoso como un atardecer en Isla Cristina, y esa quietud que se respira en esta ciudad que parecería llamada al turismo en masa. Digna de visitar.


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